Xinjiang y el nuevo concepto de nacionalismo

Hace unas semanas, las páginas de algunos noticieros como BBC publicaron la historia de oficiales chinos expresando su inconformidad durante la última sesión del Comité para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas en torno a países predominantemente de Occidente denunciando la existencia de 'campos de reeducación' en la provincia de Xinjiang. Como se vio en la última Cumbre de APEC, y como lo reportó el Washington Post, China ya no recibe las críticas de forma tranquila, puesto que en esta Cumbre, los representantes de los otros países no daban crédito de lo que estaban escuchando, ante todo por la forma. En esta Cumbre, los representantes de China, de acuerdo a este diario, incurrieron en gritos y prácticas intimidatorias con periodistas y otros representantes con el objetivo de imponer su presencia a los demás países. Otro caso de las reacciones en torno al asunto de Huawei en el que a raíz de la detención de Meng (directora de finanzas de la empresa) en Canadá, ex diplomáticos canadienses desaparecen en China de la nada. El asunto de Xinjiang ha provocado muchas reacciones de crìtica y condena hacia China, pero más hacia el silencio de los vecinos. 

En esta entrada hablaré sobre estos 'campos de reeducación' y su propósito en Xinjiang según el gobierno chino y su propósito según las críticas. En la primera sección plantearé una idea general sobre estos mecanismos de 'reeducación', para posteriormente explicar cuáles han sido sus implicaciones para los locales en la segunda sección.  En la tercera, hablaré de otras restricciones adicionales a las que han estado expuestos los uigures, particularmente el papel de la religiòn como una razón de problema constante con el partido. Finalmente, concluiré con la idea del riesgo a largo plazo que implica el pasar este tipo de asuntos por alto, ya que el problema no es económico, sino la posibilidad de exportar estas prácticas y asumir que son parte del crecimiento económico.

China ha estado promoviendo el concepto de la educación nacionalista desde 2012, cuando comenzaba el mandato de Xi Jinping. En este sentido, todos las personas estàn sujetas al programa destinado a ver la patria como una razón de orgullo y con cierto aire de superioridad frente a otras naciones. Sin embargo, hay muchos conceptos de nacionalismo y de orgullo que no necesariamente van con el concepto presentado por Xi, ya que algunos chinos consideran que su gastronomía, su cultura o su idioma son motivo de orgullo, màs no de superioridad. La educación patriótica no es opcional para nadie y todos, desde niños en edad de kínder hasta universitarios, tienen que tomar estos cursos adicionales a las teorías y filosofía de Mao, Deng Xiaoping y los sucesores. El sentir orgullo por China ha tenido efectos positivos y negativos, ya que mientras que en algunos casos el orgullo por el propio país contribuye al desarrollo y a generar esperanza por el futuro mediante la reconstrucción como en el caso de Japón después de la guerra, el nacionalismo también puede provocar divisiones internas cuando no toda la población comparte los mismos conceptos, como en el caso de Europa azotada por la ultraderecha en Austria, Hungría y otros países. 

En el caso de China es notorio que en las regiones 'problema' (según el partido comunista) de Tíbet y Xinjiang, la idea de nacionalismo es muy diferente a la que se concibe en el resto de China. Es así como surge la urgencia de imponer un concepto uniforme de orgullo nacional para poder imponer estabilidad a través de la unidad nacional en pos del crecimiento y el progreso. En el Tíbet, ya hay casos de niños tibetanos que son separados de sus familias y enviados a escuelas para aprender bajo el modelo de educación aprobado por el gobierno junto con el idioma y la idiosincracia Han. A largo plazo, esta dinámica busca disminuir y desaparecer el tibetano, así como los vestigios de educación provistas por el budismo tibetano.

Xinjiang representa un caso complicado, ya que ademàs del tema étnico también está el componente religioso pero, a diferencia del budismo, los uigures han sido presa de restricciones e imposiciones adicionales por ser musulmanes. El que los uigures sean musulmanes es relevante porque gracias a la War on Terror promovida por Estados Unidos desde el 2003, China no pasó por alto el hecho de que el Islam y el terrorismo están conectados según la lógica del entonces gobierno de Bush. Lamentablemente después de los ataques de Tiananmen en 2014, la dicotomía se cumplió, y de ahí viene la necesidad urgente de vigilar a las familias, erradicar la religión e imponer la educación patriótica. Es por ello que se instalaron 'campos de reeducación' a donde envían a los jóvenes a aprender sobre lo que 'deberían ser' y que las familias están obligadas a recibir oficiales del partido en sus casas, con el objetivo de observar su comportamiento. Dado que los uigures son internados y están sujetos a presiones y tratos cercanos a los de las prisiones, bajo el argumento de 'reeducación por extremismo'. La realidad es que este tipo de mecanismos no eliminan estas actitudes, sino que las refuerzan. 

La prohibición de practicar el Islam y todo lo que viene con ello como el rezo y el Ramadàn son pràcticas prohibidas, ya que se consideran como 'extremismo'. La misma lógica aplica para el budismo tibetano, pero el Islam a diferencia del budismo, lo consideran una amenaza para la seguridad nacional. Según la historia, algunos comentan que el Partido ve la religión como una amenaza porque implica un grupo de personas que se reúnen, lo cual se relaciona con la libertad de asociación. La realidad es que después del levantamiento en el Tíbet de 1959, la huida del Dalai Lama y la extensión del budismo tibetano y su apoyo alrededor del mundo, el Partido da por sentado que la religión es una amenaza para la seguridad nacional. Actualmente, China busca involucrarse en los países budistas como promotor con el objeto de conseguir más apoyo para la iniciativa del Cinturón y la Ruta de la Seda. 

El apoyo de China a países de mayoría musulmana como Turkmenistán se ha traducido en no intervención y el nulo apoyo a la minoría uigur. Es relevante mencionar que el Islam tiene el apoyo a la Ummah (comunidad musulmana) como uno de sus principios fundamentales independientemente de su ubicación geográfica. Las grandes cantidades de inversión por parte de China en estos países tiene como objetivo el que no opinen o intervengan en un tema que China considera un asunto interno, sobretodo porque los proyectos de oleoductos y gasoductos pasarían por Xinjiang. El problema de esto es la exportación de un modelo que pone en riesgo no sólo a las minorías, sino también a los mismos ciudadanos chinos ya que en vista de los hechos, el negar la facultad de construir una identidad a cambio del crecimiento a marchas forzadas o a cambio de inversión, es un modelo que convierte a quienes lo implementan en una bomba de tiempo. Abarcar todo implica que un lugar quede chico o demasiado grande. 

(c) BBC



Vista aérea de los campos (C) Hong Kong Free Press













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